Un ETF de renta fija replica una cesta de títulos de deuda — emitidos por estados (deuda pública) o por empresas (bonos corporativos) — con un vencimiento y una rentabilidad determinados por el mercado.
El valor de un ETF de renta fija es más estable que uno de renta variable, pero no está exento de riesgo: es sensible a los tipos de interés (cuando suben los tipos, el valor de los bonos existentes tiende a bajar) y, en el caso de los bonos corporativos, al riesgo de crédito del emisor.
Suelen usarse para equilibrar la parte de renta variable de una cartera, reduciendo su volatilidad global, o como componente más prudente al acercarse al horizonte del objetivo de inversión (por ejemplo, la jubilación).
Adecuados si...
- Quieres reducir la volatilidad global de la cartera
- Te acercas al horizonte temporal de tu objetivo y quieres mayor prudencia
- Buscas un componente más estable junto a una parte de renta variable
A valorar con atención si...
- Tu único objetivo es el máximo crecimiento del capital a largo plazo
- No consideras el efecto de los tipos de interés en el valor del fondo
- Buscas rentabilidades comparables a las históricas de la renta variable